Es indudable que el mundo sigue reglas, pero, ¿qué tanto nos fascina el hecho de poder descubrir y entender aquéllas que rigen la Naturaleza, desde un ambiente cuántico que raya en la mágico, hasta los astros que nos impresionan por su belleza cada anochecer de cielo despejado? A todos nos debería impactar esta maravillosa facultad humana, esta descripción, a base de sencillas deducciones, de todo lo que nos rodea; desde el automóvil que nos transporta diariamente, el vuelo de la mosca que perturba nuestra tranquilidad a la mesa, la lluvia que ocasionalmente azota la ciudad, la mirada hacia la Luna y así hasta el fin de los hechos que quizá hemos olvidado por su inherente sencillez. Sin embargo, es la sencillez la base del gran conocimiento científico del ser humano, los cimientos de creaciones tecnológicas casi increíbles.
Bien lo diría Sagan, una sociedad que no conozca lo elemental de ciencia y tecnología (quedando claro que las sociedades actuales están ya bañadas en lo que atañe a este rubro) tiende inevitablemente al fracaso, por no decir caos.
Me agrada compartirles este vídeo de una narración del gran Richard Feynman en torno a la curiosidad, que puedo decir es el motor de los grandes cambios sociales de toda índole.
Provecho y ¡SAPERE AUDE!
El detalle está en los pequeños detalles.
Bien lo diría Sagan, una sociedad que no conozca lo elemental de ciencia y tecnología (quedando claro que las sociedades actuales están ya bañadas en lo que atañe a este rubro) tiende inevitablemente al fracaso, por no decir caos.
Me agrada compartirles este vídeo de una narración del gran Richard Feynman en torno a la curiosidad, que puedo decir es el motor de los grandes cambios sociales de toda índole.
Provecho y ¡SAPERE AUDE!


